sábado, 9 de julio de 2011

Sensaciones encontradas

La Copa América gana lentamente terreno en los medios. La jodita de River va a estar unos días en segundo plano porque ahora causa más gracia pegarle al conjunto nacional y al pobre de Lio Messi. Perdonalos maestro.

Yo sigo sin meterme de lleno. ¿En qué? Prefiero no aclararlo, porque significaría darle entidad, reconocerlo. Sospecho, de todos modos, que me estoy refiriendo al campeonato de la B Nacional. Me entero que por sexto campeonato consecutivo River lideró la venta de entradas en el fútbol argentino. Fueron 238.947 tickets contra los 141.131 de Boca, segundo lejos. Una pequeña caricia para el hincha. Escucho por radio la encuesta / campaña que lleva el portal de internet del diario Olé para ver qué hacer con el escudo de River: ¿lo deja en la página principal junto con los de los demás equipos de Primera o lo manda a la sección “Ascenso”?. Me llega el cuento de una curiosa campaña: unos supuestos hinchas de River piden que “la camiseta no descienda” y proponen que, durante el paso de River por la segunda categoría, en la indumentaria se reemplace el color rojo por el negro en señal de luto, resguardando el honor. En facebook la iniciativa agrupa ya a más de 5.600 seguidores, aunque la gran mayoría lo hizo sólo para poder estar habilitado para putear en contra de ella y acusar de bosteros a los creadores. “Nosotros no ponemos banderas negras y no abandonamos”, escribe uno. Rápidos de reflejos otros hichas crearon el grupo “Decile NO a que la camiseta no descienda” y proponen denunciar a sus rivales por “discriminación a grupo étnico”. Me los imagino leyendo puntillosamente el reglamento para poder encontrar esa “figura legal”.

Me engancho con alguna de estas tonterías en vez de, por ejemplo, interiorizarme sobre los equipos que juegan el nuevo campeonato. Me gustaría saber a cuántos de los 20 equipos que van a participar podría nombrar. Ni siquiera hago el intento. Supongo que recién cuando el torneo esté por comenzar terminaré de entender que mi River bajó de categoría.

A Independiente llega el colombiano Marco Pérez, en Estudiantes suena la vuelta de Mauro Boselli, Boca trae a Darío Cvitanich y prepara la remake de “Armémosle un equipazo a Falcioni” cuya primera saga estuvo muy lejos de arrasar con la taquilla. Se me vienen a la mente Lucchetti, Caruzzo, Insaurralde, Cellay, Erviti, Somoza, Rivero… Algunos de estos jugadores sonaron en su momento para River, sobre todo el moreno Pérez y Cvitanich. De todos modos, comprendo que si hubiera venido Pérez quizás hoy estaría pensando que hubiera estado bueno que viniera Pavone. En el fútbol, como varios órdenes de la vida, lo mejor es lo de los demás o lo que no se tiene.

En otro momento hubiera sentido cierta envidia deportiva por esas trasferencias. Me imagino rápidamente en una situación en la que me encontré tantas veces: deseado que fuera River el club que adquiriera los pases de esos jugadores o, llegado el caso, haciendo ¿fuerza? esperando que las negociaciones se caigan para que las figuras no fueran de los rivales. Hoy los siento lejanos. Me son indiferentes. A River ya no los favorecen ni los perjudican.

Como sea, mi interés informativo no cambió. ¿Me sorprende? Leo sobre San Lorenzo, escucho de Racing. ¿Instituto? ¿Defensa y Justicia? ¿Brown de Madryn? Apenas se dónde se encuentran sus estadios; un puñado incluso los he visitado en algún momento de mi vida. No sé quién los dirige ni mucho menos quién es la figura del equipo. Me pregunto si al menos lo llegaré a saber promediando el campeonato. ¿Quién me lo va a informar? ¿Miraré El Nacional? ¿Revisaré páginas del ascenso? ¿Quiénes son los periodistas que cubren ascenso? ¿Los noticieros y programas de charlatanería futbolera de los canales de deportes incorporarán a personas que sepan del ascenso sólo para hablar de River, un club de la B Nacional? Perdón, un gigante EN la B Nacional.

De todos modos, hace tiempo ya que no me creo así sin más las cosas que escupe la tele. De entrada, El Chino Garcé, Alejandro Domínguez, Fernando Cavenaghi y Germán Lux parecieron ofrecerse para venir a colaborar con el club en este momento. Luego se agregaron otros de menor talla, como el poco serio del Ogro Fabbiani y hasta El Chacho Coudet, desde EEUU. Reconozco que me sonreí cuando escuché lo de Cavenaghi y el Chori. "Una pelotudes gigantesca de las tantas que tiran los medios cuando el muerto está todavía caliente", pensé. Inmediatamente uno piensa en los irrisorias sumas de dinero que ganan en Europa, en donde ambos tenían al momento contrato vigentes; Domínguez en Valencia y Cavenaghi con Bourdeaux, mas allá de estar jugando a préstamo en Inter de Brasil. Lo segundo que uno piensa es ¿por qué no se ofrecieron antes? ¿Por qué la dirigencia no se los propuso seriamente antes? Lo cierto es que si yo nunca pensé que el descenso podría consumarse, no tengo por qué pretender que los demás lo hayan hecho, por más que como dirigentes tienen más responsabilidades que yo, un simple hincha.

El caso de Cavenaghi (72 goles en 121 partidos con la banda; 0,59 de promedio; 3 títulos) me pareció clarísimo. A Cavegol lo llamamos (diría el mosquito y siempre según los medios) infinidad de veces para "tatear" sus intenciones de regreso. El problema remite en que está peleado con Daniel Alberto Passarella desde una vez que en que, de paso por Argentina, pasó a saludar por el vestuario y el actual presidente, entonces DT, lo echó. En 2009, previo a la elección presidencial, llegó a decir que si Passarella era electo, él no volvería al club “ni aunque tuviera 55 años”. En 2010, ya con los votos repartidos, reiteró que era “imposible que vuelva” mientras éste siguiera como presidente. Finalmente, tras este primer y repentino anuncio de los medios ni bien consumado el descenso, Cavenaghi y Passarella tuvieron un acercamiento (yo seguía desconfiando), pero tras el primer amague el delantero volvió a salir con los tapones de punta contra el dirigente. Lo acusó de soberbio y volvió a conjugar la palabra imposible. ¿Vieron que era una boludes?, pensé.

El caso de Alejandro Domínguez (11 goles en 41 partidos en el club) también me sorprendió. “¿El Chori quiere volver?”, me extrañé. “¿Raro, no?”, diría Repetto. Gran jugador, las lesiones lo maltrataron un poco durante su paso por el club (2001-2004) y, la verdad, la menos yo no me esperaba una decisión suya de este calibre. Es cierto que el técnico del Valencia, su actual club, aparentemente había dicho que no lo iba a tener en cuenta, pero el atacante deberá resignar una suma importante (importantísima) de dinero para venir a "ayudar al equipo" de sus amores a B Nacional.

Alguna vez tomé de mala manera una declaración de Juan Pablo Carrizo: “El amor por la camiseta no existe más”, aseguró con tono de verdad allá por 2008. Tantas veces lo había escuchado hablar bien de River... Agregaba que él se quería ir a Lazio para poder progresar. A mí me pareció un mercenario (por la declaración, no por la intención) y no tuve ninguna intención en ir a pedirle por favor que se quedara.

Alejandro Domínguez, campeón mundial sub 20 2001, ex jugador del club 2001-2004 (2 títulos), ex Rubin Kazan, Zenit de San Petersburgo (ambos de Rusia; 5 títulos, elegido mejor jugador de la liga rusa) y Valencia (España) se transformó en el primer refuerzo de River de cara al Nacional B.

Fernando Cavenaghi, el último goleador de un campeonato que tuvo River (Clausura 2002; 15 tantos), campeón Sudamericano sub 20 2003, ex Spartak de Moscú (Rusia), Girondins de Bourdeaux (Francia; 5 títulos),  Mallorca (España) e Inter de Porto Alegre (Brasil; 1 título), con 121 goles en 230 partidos es el segundo. Vuelve al club tras 7 años y tras de superar un largo distanciamiento con el actual presidente. Me pregunto qué diría Carrizo.

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